“El ataque de celos de Sara Carbonero”.


Gaby Elizalde es una reportera mejicana que acapara portadas de revistas enseñando sus protuberancias siliconadas. Esta periodista, de diptongos muy bien redondeados, acusa a Sara Carbonero de ponerse celosa mientras ella trataba de entrevistas a Iker Casillas en la habitación de un hotel.

Imposible que este angelito diera motivos de celos a Sara Caronero.

Hoy la noticia más leída del diario El Mundo es: “El ataque de celos de Sara Carbonero”.

No romperé una lanza a favor de la novia del futbolista porque nada sé de ella que la defina como liberal o celosa pero, considerando lo bien que venden los chillidos, los aspavientos y las broncas, todo apunta a un deseo extra de notoriedad. Siempre, por supuesto, que  la “entrevista” sea comprendida en la más pura acepción periodística, porque hay quien intercambia opiniones y aprobaciones ¡si, sí, si! sobre temas diversos en posiciones nunca estudiadas en universidad alguna.

De todas formas, para despejar cualquier posible duda, acudo a las sabias palabras de Carme Chacón quien ha dicho: “Es fácil lograr la estabilidad de un país si se cuenta con las mujeres”. Si podemos equilibrar una nación, cómo vamos a tirarnos de los pelos en la habitación de un hotel. Que nadie sufra.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “El ataque de celos de Sara Carbonero”.

  1. Manuel López Agudo dijo:

    Los celos suelen ser malos consejeros, y también son una muestra de inseguridad. Pueden que, a veces, se revelen inevitables por lo que atañen e implican al sentimiento de cada cual; pero aún así hay que hacer el esfuerzo de superarlos, de sobreponerse si de verdad se tiene esa confianza en el otro. No olvidemos que la confianza, que es lo deseable, representa el no pretender anular ni mediatizar al otro, el dar por sentada su libertad y hacerlo desde el más profundo respeto a lo que sea su criterio. Esta actitud, integrada y mantenida, es entonces la más genuina muestra de amor.
    Nadie es propiedad de nadie, y mucho menos perpetua. Cuando dos personas están juntas ha de ser, y no hay otra razón que pueda esgrimirse, por la voluntad de estarlo; voluntad que han de manifestar ambos; con sus actitudes y su día a día. Todo lo demás, en estos temas, suena a hipoteca legal impuesta y llevada a contrapelo.

    No digo yo si “hubo”,”hubiere” o “pudiere haber habido”, pero a falta de hechos probados y -con permiso- “palpables”, los celos de Sara Carbonero no llevan a muchas más conclusiones: o muestran esa inseguridad de que venimos hablando, o acusan las simples ganas de llenar portadas. Ninguna de ambas posturas me parece de recibo. Sería todo muy diferente si el bueno de Iker fuese habitual en estos lances y descuadres y, como suelen decir los juristas: “los hechos que se le imputan fuesen probados, públicos y notorios”… pero hoy por hoy, que se sepa, no es el caso.

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