“Stéphane Hessel: un gobierno inteligente escucha lo que dice la calle”.


Hemos callado, pensando cada día que ya habíamos tocado fondo, rodeados de crisis, corrupción, recortes y disputas políticas, pero a la mañana siguiente se había dado un nuevo paso en la inmersión y seguíamos bajando.

Hartos de la incertidumbre, el primer mundo ha demostrado que también está vivo; ya no sólo “queda” por internet para organizar una Rave en una fábrica abandonada, nos coordinamos para protestar pacíficamente.

La noticia más leída en el diario El Periódico es: “Stéphane Hessel: un gobierno inteligente escucha lo que dice la calle”.

Ha sido un anciano de 93 años quien ha infundido a la juventud la fuerza necesaria para salir a la calle tirando del resto de la sociedad. Mientras tanto Rajoy exclama: “Sí a los chiringuitos, nos gustan los chiringuitos, queremos los chiringuitos”. Alguien ha perdido el norte o hay para indignarse.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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3 respuestas a “Stéphane Hessel: un gobierno inteligente escucha lo que dice la calle”.

  1. Txema Albert dijo:

    ¿En que se parecen Geeorgie Dan y Mariano Rajo? = En su pasión por los chiringuitos.
    Ya sé que es un chiste fácil, pero ese no es el problema; el problema es que es verdad.

    Y mientras “la calle” (ésa que Fraga pensaba en tiempo del franquismo que era suya…) va por otro lado. La calle en sentido amplio de la palabra –la de los adoquinies de Mayo del 68 o la del ancho de banda de Mayo del 2011-. Y por la calle pasea, discurre, circula o se detiene todo tipo de gente. En los cotos privados solamente se aposentan sus propietarios y sus invitados. Quizás la Política se haya convertido en eso, en un coto privado, al que se accede (para quedarse de por vida) por invitación.

    Al menos, de tarde en tarde (cuando el agua llega al cuello o porque no llega el agua) la gente se pregunta el por qué de los clubes privados. El viejo profesor José Luis Sampedro o el escritor y activista Stéphane Hessel –alguien que participó directamente en la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas- han tenido que zarandearnos (un poco, tampoco ha hecho falta mucho) para que la famosa gota que colma el vaso se haya derramado.

    Me viene a la memoria una vieja canción de 1.979. Desde entonces han caído muchas gotas en muchos vasos…) de otro eterno reivindicador, de Pablo Guerrero. “A Tapar la Calle” se llamaba el tema.

    Os dejo el link oportuno y la letra, por si a alguien le alcanza la curiosidad.

    A Tapar La Calle (1.979)
    A tapar la calle
    que no pase nadie
    que vista de negro
    que lleve pistola
    que hable de la guerra
    y beba Coca-Cola
    a tapar la calle.

    A abrir la calle
    que pase la gente
    que vista de flores
    que beba aguardiente
    que va hablando sola
    y pinta en las paredes
    a abrir la calle.

    A tapar la calle
    que no pase nadie
    que no tenga dudas
    que vaya con prisas
    y tenga señora
    que le lava y le guisa
    a tapar la calle.

    A abrir la calle
    a las abuelitas
    jugando a canicas
    y a los niños malos
    que cambian un duro
    por dos perras chicas
    a abrir la calle.

    A tapar la calle
    que no pase nadie
    de los que han ganado
    y nos han legislado
    y nos han controlado
    y nos han sermoneado
    a tapar la calle.

    A abrir la calle
    que pase la gente
    que nunca ha pasado
    y los mal peinados
    y el Señor Obispo
    con su novia de triciclo
    a abrir la calle.

    A tapar la calle
    que no pase nadie
    que viva de alguien
    con casa de loro
    que vaya montado
    sobre el as de oros
    a tapar la calle

    A abrir la calle
    a tapar la calle
    a vivir la calle
    a soñar la calle
    a tomar la calle…

    • Tudi Martín dijo:

      Qué lujo leeros. Es un placer vivir esta especie de “entrega de relevos” del pensamiento. Disfrutar comprobando cómo siempre la inteligencia puede añadir algo nuevo a lo ya hablado. Por si fuera poco hoy hasta con música “indignada”, no se puede pedir más.
      Gracias por los paseos que os dáis por este bloguito que pretende ser confortable sala de estar para curiosos.

  2. José Luis dijo:

    A veces la razón habla despacio, se toma su tiempo y reflexiona. A veces la razón simplemente dice, de manera lógica y argumentada, aquello que está en la mente y la percepción de todos pero que, metidos en el torbellino del día a día, sitiados y colapsados por el último problema urgente, no terminamos de integrar y procesar.

    No se trata de un iluminado que venda humo; tampoco de nadie que busque en el populismo un trampolín para nada. Stephane Hessel es un hombre que ha vivido mucho y al que la mente sigue dándole juego y entusiasmo, alguien que sabe que la voz de la calle es la única voz que importa cuando la indignación es general y algo importante -vital- no funciona.
    Gobernar desde la faceta política, suele decirse, es el arte de lo posible. Bien, pero la frase tal vez requiera un matiz: el arte de lo posible cuando ese “posible” es admisible, tolerable, deja margen para desarrollarse y crecer, para llenar la existencia de momentos e ilusiones, de sentimientos y percepciones. No es algo que pueda concretarse simplemente en seguir respirando, en que todos nuestros esfuerzos tengan que centrarse en la supervivencia, que todos nuestros pensamientos se llenen de oscuras nubes de incertidumbre y preocupaciones, que todos los sentimientos lo sean de indignación, desesperación, impotencia o rabia.
    Cuando se pierden el norte y la sintonía con la gente, cuando gobernar más que en lo posible, dignamente posible, parece un ejercicio de huída hacia no se sabe dónde, un empeñarse en la mera permanencia, algo debe cambiar. Y para ese cambio nada mejor que volver a las raíces, a los orígenes.
    Debemos tener la entereza y la modestia de recordar que democracia es una palabra en la que el gobierno sólo se justifica al servicio del pueblo, y en sintonía con él, de dónde todo gobierno ha de extraer su legitimidad. Porque en definitiva, éste, el pueblo que somos todos nosotros, los indignados, los cabreados, los ya hartos… es el único depositario de la única forma posible y admisible de soberanía. Los ciudadanos de a pie, los anónimos, constituimos el único referente y justificante que puede hallar cualquier forma de poder.
    Es hora ya de recordarlo, y le debemos a Hessel el volver a tomar conciencia de ello. Es urgente la necesidad de que tomemos nuestras decisiones, de que volvamos a ser los únicos dueños de nuestro destino.

    Cuando la calle habla, y lo hace de esta manera, cualquier gobierno debe escuchar con atención, y si es preciso bajar la cabeza.

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