“Relato de una detención: 13.00, hotel Sofitel, habitación 2806”.


Los detalles son tan cutres que no casan con el cargo de director de una institución tan prestigiosa como el Fondo Monetario Internacional.

La tozuda realidad tiene la falda corta y  a veces acaba enseñando las vergüenzas de los que están en el escalafón más elevado de la sociedad. Los creemos tocados por la barita de lo sublime, siempre situados a la altura de las expectativas que genera su halo de privilegio. Pero no.

La noticia más leída hoy en el diario El Mundo es: “Relato de una detención: 13.00, hotel Sofitel, habitación 2806”.

Somos un cúmulo de vivencias que se digieren o atragantan dependiendo de nuestra maestría  gestionando emociones. Una gestión marcada firmemente por los valores adquiridos pero vapuleada constantemente por el estrés y las obsesiones, esos que nos llevan a  tomar caminos absurdos cuando la situación se nos va de las manos.

Al margen del estatus social, cualquiera es susceptible de tener deseos poco confesables o ropa sucia en la lavadora, aunque cueste de creer hasta dónde se pueden llevar las cosas.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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3 respuestas a “Relato de una detención: 13.00, hotel Sofitel, habitación 2806”.

  1. Ricardo Muñoz dijo:

    El ser un profesional concienzudo y reputado, un genio incluso, no está reñido con tener al tiempo impulsos, debilidades, gustos y aficiones como cualquier otro ser humano. El que esos “impulsos” y “gustos” no puedan ser unilaterales y requieran, por lo que se ha visto, el concurso y la participación de otros, es sólo un dato más en el planteamiento. Hasta aquí todo entraría dentro del más estricto plano de la normalidad, caería dentro de la esfera de lo comprensible y lo aceptable.
    El problema llega cuando el personaje, el sujeto en cuestión, decide obviar aquello del necesario consenso para sus juegos, olvida que los demás son dueños de la voluntad de decir “sí” o “no”, y actúa como si fuesen únicamente instrumentos y medios para satisfacer sus deseos.
    Nada me importan las aficiones y tendencias de DSK, lo que considero inadmisible es la forma en que pretendía darles satisfacción. Nadie, por genio que sea, por superior que pueda creerse, tiene derecho a ir más allá de dónde comienza la libertad y la dignidad de los demás. Se puede ser “importante”, pero en absoluto nadie es “superior” ni tampoco puede colocarse en situación de dictar sus caprichos, de imponer su voluntad por la fuerza… sea delprestigio y la cartera o física pura y dura.
    La Juez así lo ha apreciado, y ha actuado en consecuencia: nadie está por encima de las Leyes, en derechos y obligaciones todos somos iguales.

    Por último, morboso que es uno, me queda una pregunta: El máximo dirigente del FMI tiene derecho a honores de Jefe de Estado, aunque no tiene su inmunidad… pero, de haberla tenido, ¿hubiese procedido la justicia norteamericana de la misma manera? está claro que no, que los tratados lo prohiben; pero también hay mecanismos para denunciar y levantar esa inmunidad… y por eso, finalmente, la pregunta en realidad es: hubiese actuado la justicia, o se hubiese echado tierra encima del asunto.
    Espero que la respuesta sea la conveniente y la correcta… pero eso ya nunca lo sabremos.

  2. Martina dijo:

    Era de esperar el argumento de la defensa, pero al escuchar el alegato basado en el sexo consentido me ha sido imposible reprimir la indignación y el asco.
    Un intento de justificar lo injustificable, algo esperado y a la desesperada, pero que duro ha sido tener que soportar que se recurriese a una táctica tan fuera de lugar, a algo tan inútil como repugnante.

  3. Julio Peñas dijo:

    Impactante, seguramente digno de análisis: más del 70% de los franceses creen que DSK has sido objeto de una trampa y que todo el affaire es un montaje truncar su carrera política.
    Tras semejante interpretación de los hechos sólo caben dos lecturas. O bien se trata de una manifestación de chauvinismo llevado al extremo, o bien es la expresión de la frustración de los descontentos con la actual presidencia, que ven como desaparece el rival más cualificado con el que contaban para desbancar a Nicolas Sarkozy.

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