“Nos quitaron la justicia social y nos la intercambiaron por los mercados”.


Reírse no sólo es desternillarse: reírse es no respetar, ningunear, no oír, no reconocer, obviar, mentir, utilizar, hablar en nombre de otro, obrar por derecho y sin consenso, decir verdades a medias, mirar para otro lado, no dejar hablar, impedir preguntar.

Estamos noqueados y somos carne de cañón; piensan que nuestra perplejidad es sinónimo de consentimiento y siguen riéndose de nuestra inactividad menospreciando, eludiendo, olvidando. Callándonos.

Hoy la noticia más leída en el diario Público es: “Nos quitaron la justicia social y nos la intercambiaron por los mercados”.

De seguir así llegarán tiempos peores, años en los que, posiblemente, mejore la economía pero se esfume el estado de bienestar. Mientras los ciudadanos continuemos sin reaccionar nuestro silencio es complice de su risotadas.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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7 respuestas a “Nos quitaron la justicia social y nos la intercambiaron por los mercados”.

  1. José Luis dijo:

    No sé qué tiene este blog que ha llegado a ser un punto de referencia casi diario para abordar lo que es la actualidad desde una óptica diferente -en parte- y que me resulta agradable y motivadora. Desde luego se tocan en él temas que están en la calle, de actualidad; pero al tiempo se hace una aproximación que me resulta inteligente, agradable y profundamente humana. Tal vez por eso mismo no me duele entrar en él y dedicarle, con todo interés y expectación renovada, algunos de los pocos minutos que a lo largo del día puedo entender como tiempo para mí. Y algunas veces, como ahora mismo, el tema que se toca lo siento tan cercano, creo verlo tan claro, que no me resisto a dejar en él, como modesta aportación, aquello que me viene a la mente en la lectura.

    La risa es algo profundamente humano. Es algo así como una terapia para la mente, a menudo bajo presión por mil problemas y asuntos trascendentes, y un bálsamo para el alma, aliviando y refrescando lo que sin su concurso sería, muchas veces, una visión demasiado dramática de la vida.
    Pero sentado el principio debemos también recalcar que no es lo mismo reírse de las propias miserias y tropiezos, reírse “con”, que pretender hacerlo “de” o incluso “contra”. No es lo mismo, no puede serlo.
    La risa de la que hoy nos ocupamos tiene más de deshumanización y desprecio por los demás que otra cosa. Es una risa arrogante y distanciada del común de los ciudadanos, de aquellos a quienes se contempla como una masa sólo válida para hacer funcionar las ruedas producción-consumo del mercado; una risa que trata de justificar lo injustificable: “yo soy distinto, estoy muy por encima de ´todos esos´y además, muchas veces ni se enteran…” Es una concepción bastarda del individualismo por lo que tiene de retorno a la desigualdad, por propiciar el nacimiento de la casta.

    El Estado social, ese que ahora está en franco retroceso ante los embates de la crisis y las nuevas concepciones económicas y políticas, nació a finales de la segunda guerra mundial como reacción a una situación de barbarie -y no sólo bélica- que había traído una época oscura. Se trataba de moderar los muchas veces ciegos mecanismos de autoregulación de la economía de mercado; esos mismos que dejaban fuera y en precario a una gran parte de la población y que, en semejante situación, les convertían en ese “ejercito de reserva” en la miseria a disposición del capitalismo que denunciara Karl Marx.
    Fue este mismo Estado Social quien motivó y avaló el tránsito de posiciones radicales de clase a otras dialogantes en la socialdemocracia, el que hizo del consenso y el pacto social un método y un camino.
    Ahora se constata su decadencia, su desaparición más bien a pasos de gigante que paulatina. Y como única “receta” se predica de nuevo la bondad del equilibrio que por sí deben alcanzar los mercados.
    No creo en ello. No me gusta el intervencionismo estatal hasta el punto de ahogar la economía y las iniciativas por asfixia burocrática y normativa; pero tampoco me resulta grato el retroceso en todo cuanto han supuesto conquistas sociales, mejora de las condiciones de vida para todos.
    El mercado… con rostro y conciencia social, bien entendido, y también pilotado y controlado en sus desvaríos, es sin duda el mejor de los modelos… pero sólo si no pierde nunca de vista que tras esa concepción -mercado- hay y habrá siempre personas… con necesidades y aspiraciones, con sueños y derechos; y entre esos derechos destaca la dignidad, la más irrenunciable dignidad, la que exige unas condiciones mínimas que no puede quedar al arbitrio de meras leyes de oferta y demanda, que no deben condicionarse a la rentabilidad de las empresas.

    El mercado sí, pero sin renuncias ni concesiones, sin erigirse en la única verdad ni colocarla por encima de los logros sociales, de la dignidad, la solidaridad, la libertad ni las personas.

  2. Ana López dijo:

    Una puntualización: el titular de la noticia es inexacto. Intercambio presupone voluntad y conformidad, y en este caso no hay ni la una ni la otra. Sería más apropiado nos han cambiado, en el sentido de darnos “el cambiazo” o de decisión unilateral.

  3. Txema Albert dijo:

    Si hay algo de lo que puedo presumir en esta vista es de haber tenido como profesor a Ernest Lluch. Recuerdo que en una de sus clases nos dijo una verdad que en aquel momento la mayoría aun no estamos en condiciones de saber apreciar: “En las Universidades se enseña más Política Económica que Economía Política. Y eso es un error, porque es igual que pretender que enseñar a un estudiante de medicina a curara la fiebre sin explicarle sus causas”.
    Tardé bastante en entender del todo lo que el bueno de Ernest Lluch nos quiso decir con aquello. Es más, creo que no había vuelto a acordarme de aquellas frases hasta bien entrada la crisis. Pero por fin he entendido que la mayoría de medidas adoptadas por los gobiernos para combatir el actual desbarajuste económico han ido dirigidas más a paliar los efectos que a erradicar sus causas. Paños calientes, pues, que acabarán desembocando tarde o temprano en un nuevo tropezón colectivo y en la frustración de millones de esperanzas personales.
    De ahí la necesidad no sólo de medidas de Política Económica, sino de “una visión política de la Economía”. Quedarse en la superficie oxidada sin rascar es tan inútil como limitarse a limpiar el pus de una herida sin eliminar la causas de la infección.
    Seguramente muchos de los habituales de esta página ya lo habrán visto, pero para los que no, les recomiendo vivamente el documental “Inside Job”, del director Charles Ferguson, premiado con un Oscar, sobre causas y efectos de la actual crisis.

    • Tudi Martín dijo:

      Mucho bote de agua oxigenada y poco antibiótico; será porque es más barata a priori, pero alguien está echando mal las cuentas.
      Envídia de das al saber que fuiste pupilo de Ernest Lluch, yo lo más que hice fue tropezarme con él por los pasillos de Ser Barcelona.
      Gracias por ser otro de los habitantes de este bloguito que espero te resulte confortable. ¡Sabes que estamos a punto de cumplir un año!…estoy por celebrarlo con una fiesta on-line ¿te traes las serpentinas? :-)))))

      • Txema Albert dijo:

        Sí puedo presumir con orgullo de haber sido alumno de Ernest Lluch. Sus clases eran diferentes al resto. No lo digo ahora para reforzar su ya buena imagen -entre otras cosas porque quien tuvo la oportunidad de conocerlo ya lo sabe y no hace falta-. Era tan buen profesor como exigente en los resultados (yo aprobé en septiembre… y fue mi última asignatura para conseguir la licenciatura. No digo más).

        Respecto a la fiesta aniversario, cuenta conmigo (¿quién pone los mojitos?), que aunque no estuve el día de la inauguración, de aquí ya no me sacas ni con agua caliente.

      • Tudi Martín dijo:

        Como será una fiesta virtual creo que me estiraré y los mojitos y las capiriñas las pongo yo 🙂
        Le doy una vuelta a ver qué podemos organizar…
        Un abrazo.

  4. José Luis dijo:

    No sé si entonar el “mea culpa” o hacérmelo mirar, que debo ser estúpido y tal vez debiera retractarme de lo dicho, como también anda algo equivocado el autor del titular de la entrada. Declaraciones frescas, de hoy, de ZP: “Miente como un bellaco quien dice que el Estado Social está en retroceso; ha progesado”

    … por lo visto el paro, la pérdida de la vivienda familiar por no poder hacer frente a las hipotecas, los recortes en inversión e infrastructuras de servicio público, las cuentas pasadas por la tijera de educación y sanidad, la elevación de la edad de jubilación y el periodo de cómputo para el cálculo, son entes de ficción. Va a ser que los de a pie, pobrecitos ineptos, no nos enteramos.

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