“Estados Unidos mata a Bin Laden”.


La foto del hombre muerto aparece en todos los medios. Como si se tratara de una empitonada mortal en una plaza de toros o de un sicario colgando de un puente: es imposible evitarla. Nos rendimos y la miramos de frente memorizando todos los detalles para que deje de impactarnos. La vamos a seguir viendo asomar en el telediario del almuerzo, en internet o en el suelo de la portería para no resbalar cuando esté mojado.

Hoy la noticia más leída del diario El Confidencial es: “Estados Unidos mata a Bin Laden”. Sin abreviaturas y llamando a las cosas por su nombre, cuanto agradecimiento siento como lectora.

Bin Laden ha muerto, dicen algunos: como si el final le hubiera sobrevenido de pronto, durmiendo en su cama. Y mientras usamos el eufemismo más gastado en los últimos tiempos, queremos creer que con él se muere algo más, pero no.

El asesinato de Bin Laden es una caja de vitaminas para la astenia primaveral que estaba viviendo el integrismo islámico gracias a las revoluciones populares del mundo árabe.

A la intransigencia, a la rabia, al revanchismo…no se les aniquila con un tiro en la nuca ni con un bombardeo, hay que utiliza otras herramientas  más sutiles y de compleja manipulación, pero eso es otra historia.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Estados Unidos mata a Bin Laden”.

  1. José Luis dijo:

    El mundo será, sin duda, un lugar mejor sin él… pero no basta con haber quitado de enmedio expeditivamente a tan singular personaje, porque ahora se abren un buen montón de interrogantes para quienes quieran ver el panorama real más allá del hecho puntual.
    En primer lugar destacar que el fenómeno del terrorismo de Al Qaeda no se explica tomando a Bin Laden como única referencia: ha tenido y tiene adeptos, seguidores; ha de haber una concepción del mundo y el destino latentes en la conciencia de los hombres que engrosan sus filas y que se manifiestan en la disposición a tomar semejante sendero de lucha a través del terror y que, desde la óptica de quienes lo practican, justifica sus acciones. No sirven aqui ni ahora términos como “países gamberros” o “locura colectiva”. Las ideas perversas se neutralizan negándoles sustento teórico, atacando su razón de ser, evitando la atracción que puedan tener para quienes las abrazan, y eso no se soluciona con comandos de élite, bombardeos o tiros en la nuca.
    En segundo lugar lo que hoy llena las portadas de los periódicos y supone la cabecera obligada de los informativos no es en sí nada nuevo. Se trata de un nuevo capítulo de la “larga mano” de quienes en aras de combatir el terror y la violencia no se privan de utilizar ellos mismos parecidos métodos en una manifestación prepotente y simplista de maniqueismo. No hay, y no debiera haberlos, distingos entre violencia de “malos” y de”buenos”, sino la escrupulosa aplicación de la legalidad y la razón, un afrontar los problemas en origen y raíz. Cuando se crean símbolos y la propaganda juega su papel tratando de centrar de manera simplista el problema en unas pocas cabezas, la ventaja está en la convenciencia de poner cara al “enemigo” y la creación de una reacción mediática que sustente la lucha que se desarrolla contra él; pero también subsiste el peligro de dejar importantes cabos sueltos, de crear leyendas en determinados ámbitos… y los cabos han de anudarse, y a las leyendas no se las puede matar.
    No sé porque será, pero salvando las distancias me han venido a la mente algunos otros cadáveres convenientemente silenciosos e introducidos en escena: el Che, Allende…
    En tercer lugar, y esto parece que siempre se nos escapa, quienes aplican soluciones tan radicales sin el más leve temblor de la mano ejucutante debieran en justicia estar exentos de toda posible controversia sobre lo que vengan siendo sus propias acciones. Me temo que no es el caso: los tejemanejes de la CIA, Guantánamo, las repúblicas bananeras creadas y sustentadas a las ubres de “The States”, el descarado e incondicional apoyo al estado de Israel haga lo que haga, o las relaciones mantenidas con tantos y tantos dictadores y dictadorzuelos a lo largo de la historia representan un contrapunto que pone en tela de juicio la legitimidad del papel de gendarmes a escala planetaria que pretenden desempeñar los hijos del tío Sam.

    Han matado a Bin Laden, pero no tengo tan claro que por ello y desde ahora se haya terminado ni con el terror ni con la injusticia.

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