“Si digo lo que pienso, mi carrera se termina”.


Suele pasar en el mundo de la empresa: no es recomendable decir irracionalmente lo que se piensa,  por el bien de la empresa y por el de uno mismo.

En realidad, nunca es recomendable decir lo que se nos pasa por la cabeza de manera alegre. Por eso es importante conocer los protocolos asertivos  con los que aprender a comunicarnos eficazmente en todos los entornos, incluso en los más agresivos.

Hoy la noticia más leída en el diario El Mundo es: “Si digo lo que pienso, mi carrera se termina”.

No hablar a quemarropa no es mentir: de hecho no es tan complicado ser coherentes con nuestras palabras sin dañar, solo que eso implica seguridad en uno mismo y capacidad para calzarnos los zapatos del otro sin hacer valoraciones subjetivas y olvidando frases como “es que tú siempre” o “es que tú nunca”.

Si cuando hablamos, más que mirarnos el ombligo hiciéramos un ejercicio serio de comunicación, no temeríamos a nuestro propio discurso: hay muchísimas palabras en el diccionario y bastantes posibilidades para combinarlas. Mostrémonos razonables.

Anuncios

Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
Esta entrada fue publicada en El Mundo. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a “Si digo lo que pienso, mi carrera se termina”.

  1. José Luis dijo:

    La entrada de hoy, desde mi punto de vista, aborda un tema de gran interés. Por tenerlo lo tiene hasta la imagen elegida para ilustrarlo.
    Creo que en efecto, las palabras -sostén y vehículo de las ideas- pueden ser un arma, y también ésta entendida como “herramienta”; es decir, el peligro o las virtudes que puedan derivarse de su uso tienen una clara dependencia del uso que se pretenda hacer de ellas. La agresividad, inadecuación o carácter de crítica destructiva que puedan tener no radica en las palabras, sino en la intención de quienes las utilizan.
    No es cuestión de “QUÉ” se diga… sino de “CÓMO” y “PARA QUÉ”. Hasta la crítica más extensa tiene su vertiente positiva si se encamina a corregir deficiencias, analizar situaciones y plantear nuevas estrategias y líneas de actuación; incluso el comentario más vanal puede ser una agresión si se hace dirigiéndolo a la yugular y sin miramientos, sin opción alguna de buscar solución y alternativa a la situación en que se centra.
    Nadie debería ser “represaliado” por una opinión que reuna tres características: honrada, respetuosa y constructiva. Los halagos y los eufemismos no contribuyen al progreso, la descalificación y la agresividad, tampoco.
    Un discurso coherente y válido debe respetar el equilibrio y la estructura interna de las ideas, su lógica convenientemente argumentada y enfocada hacia adelante. Nunca será un problema el análisis que pone el acento en lo que de veras es importante, aquel que trata de mejorar modelos y orientar acciones… pero también es deseable que ese carácter, que a menudo se plasma en las formas, quede completamente manifestado, que cada opinión, reflexión y crítica se basen en la intención de mejorar, que sean constructivas… y que lo sean más allá de toda posible duda.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s