“Expedientado un policía por multar al mismo ciudadano tres veces sin estar de servicio”.


Hoy la noticia más leída del diario El Mundo es: “Expedientado un policía por multar al mismo ciudadano tres veces sin estar de servicio”.

O el agente se creyó Torrente “apatrullando la ciudad” o utilizó su profesión como pretexto para su manía persecutoria contra el pobre ciudadano multado una y otra vez.

Las persecuciones no sólo se dan con personajes anónimos; los miembros del gobierno no han acudido a la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo para no ser linchados, aunque igualmente han sido vapuleados por no acudir. Persecución, al fin y al cabo.

Los Inspectores Gadget dispuestos a sacar conclusiones rocambolescas, queriendo tener la razón, están por todas partes.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Expedientado un policía por multar al mismo ciudadano tres veces sin estar de servicio”.

  1. Ramiro Azcona dijo:

    Viejo como el mundo: el abuso de autoridad. Hay quienes saben, y lo practican, deslindar su profesión -y más si está investida de autoridad- de lo que puedan ser sus personales filias y fobios; pero está claro que otros, no.
    La ecuanimidad, el equilibrio, serán siempre deseables… pero en algunos casos son obligatorios. Nadie debiera escudarse en una placa, un uniforme o un nombramiento para “ajustar cuentas”, ni tampoco creer que puede confundirse la función con la persona, ni la legalidad con sus juicios de valor. En todas las profesiones uno puede encontrar elementos que, por decirlo suavemente, no están a la altura; pero la mayoría de las veces, en un mercado abierto y tratándose de relaciones de particular a particular, es suficiente, tras la decepción o el escarmiento, con no volver a tener relación alguna con ellos… pero en algunos casos no es tan fácil “quitarse de enmedio” o conjurar el peligro: el abusón resulta ineludible y además reiterativo; la ha tomado con uno y poco remedio queda… salvo el recurso a la tutela y el amparo de la ley.
    Con respecto a lo que se apunta sobre la asistencia o no a la manifestación, y el resultado en cualquier caso adverso y en clave de crítica destructiva sea cual fuere la postura, no me queda sino apuntar lo injustos que son a veces los emplazamientos para según qué personas… verdaderas trampas y laberintos sin salida; eso y el recordar la situación en que a veces se veía mi abuelo cuando jugábamos al guiñote en familia y no había forma de zafarse de una jugada decisiva que no tenía salida aceptable. El juego y la suerte aliados con la habilidad y la lógica del contrario no permitían maniobra alguna, y la disyuntiva era, en todo caso, diabólica. Todavía le veo con su cigarrillo liado a mano entre los labios, llevándose una mano a la boina por puro reflejo situacional ante la impotencia y diciendo aquello tan suyo de: “si mato, pierdo… y si no mato, no gano”… entonces dejaba suavemente las cartas sobre la mesa y, lacónicamente, sin un gesto que le traicionase, espetaba: “ya está, pierdo de todas formas; partida tuya”.

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