“La aburrida fiesta de soltero del Principe Guillermo”.


Hoy la noticia más leída en Europa Press es: “La aburrida fiesta de soltero del Principe Guillermo”.

A la realeza se le puede perdonar que suponga una costosa representación del país, que tenga la vida resuelta, que habite en palacios, que vista las mejores prendas y coma los más exquisito manjares, pero jamás se les perdonaría que se divirtiera.

“Casarse con alguien de sangre azul es una de las pocas obligaciones de la realeza”, espetan los monárquicos más recalcitrantes, por no decir: “¡ya que es príncipe, que se joda y que se aburra toda su puta vida!”

No estaría bien imaginar a Guillermo en tejanos, con sus amigos, disfrutando sin cámaras de charla, copas, compañía y chascarrillos; no sería admisible porque eso significaría disfrutar y él ha venido a este mundo a reinar y a aburrirse públicamente.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “La aburrida fiesta de soltero del Principe Guillermo”.

  1. Luis Carrera dijo:

    Partiendo de la base, desde la historia y la sociología, de que toda monarquía es en sí misma un anacronismo, tal vez merezca la pena una pequeña reflexión tanto sobre su papel como sobre las expectativas que tengan sus subditos.
    El único papel digno y asumible que le queda es aquel que centra el interés de la función en una especie de “símbolo permanente” de lo que sea la esencia de un estado y colocado al margen de las disputas políticas; sería, si se quiere, el más caro y ostentoso de los atrezzos de un país y su valor práctico estaría en consonancia con el prestigio capaz de generar adhesión e identificación que suscite. Nada más, porque el papel en las democracias modernas ha quedado resumido y reducido a esto.
    Difiero en parte de la opinión que se expone en la entrada. No se trata de que “se permita o no que se diviertan los reales individuos”; se trata más bien de que en ese papel de “encarnar la dignidad y el símbolo”, que es por lo que se les mantiene, hay algunas actitudes o determinados gestos que, simplemente, no caben. No es, por tanto, el problema el “si se divierten”, sino más bien “el cómo, con quién y a qué precio”.
    Si añadimos que para muchos, justo es decirlo, la monarquía y su entorno suponen también un fenómeno “rosa y mediático”, podrá llegarse a la conclusión de que los protagonistas de ese culebrón rosa y particular de cada cual “hay cosas que no hacen ni deben hacer”, y esto en última instancia es lo que no se perdona. La boda de Carlos con Camila y lo que antes sucedió con lady Di son un buen ejemplo, por haber supuesto que se ponga en entredicho la “oportunidad” de la sucesión real en la persona de un príncipe de Gales tan poco consecuente con la leyenda…
    En resumen, y guste o no, nada hay en la monarquía que obedezca a la lógica, sino que cae dentro del terreno de la emoción, el sentimiento y el símbolo; tal vez con estas claves pueda interpretarse lo que el pueblo espera y tolera en un momento dado de semejantes encumbrados personajes.

    • Tudi Martín dijo:

      La reflexión no tiene dobladillos 🙂 Es difícil casa a la monarquía con la razón.
      Gracias Luis y vuelve siempre que quieras, celebraré verte.

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