“Una parisina acapara portadas por sus fotos desnuda en Nueva York”.


Lo digo convencida y sin ironía: nos gustan los culos. Desde nuestra más tierna infancia la palabra “culo” nos hace desternillarnos de la risa y, ya de mayores, los glúteos tienen un poder de atracción tal que se nos pegan los ojos a ellos como chicle al pelo.

Dibujo publicado en el blog http://elcelestino.wordpress.com

Si es feo lo criticamos y si es bonito lo contorneamos con la mirada sin poder evitar fijarnos en él, hechizados por su embarazosa atracción, aunque después digamos que lo que nos impacta es la mirada.

En esto de la culomanía también se da la globalización y atrae por igual al planeta entero, desde Pekín hasta la Patagonia o ¿acaso alguien hubiera secundado el apagón si a las 8:45 se hubiera anunciado la aparición de un trasero en el telediario?

Tal es la afición que hasta el nuestro nos atrae y lo perseguimos en el reflejo de los escaparates, conscientes de que, situado atrás y abajo, no tendremos muchas más ocasiones de mirarlo.

Hoy la noticia más leída del diario La Vanguardia es: “Una parisina acapara portadas por sus fotos desnuda en Nueva York”.

La francesa en cuestión siempre aparece de espaldas, pero da igual ¡tiene culo! y eso es lo realmente importante.

Mañana nos dirán que todo es producto de una campaña de marketing y nos comeremos a cucharadas el producto del anunciante que no se ha devanado los sesos con su originalidad o la supuesta artista será best seller con la edición de un libro de sus fotos; en el mientras tanto dejaremos otro botón para demostrar que somos tan previsibles que empachamos.

 

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Una parisina acapara portadas por sus fotos desnuda en Nueva York”.

  1. María dijo:

    Es lo que tienen los tópicos: lo son por algo, y a menudo funcionan. A veces parecemos olvidar que por más importancia que demos al componente racional de lo que somos, el “otro”, el más primario y visceral, también está presente y se manifiesta.
    Siglos de cultura, de convencionalismos sociales, de racionalismo, han conseguido apenas postergarlo, mantenerlo supuestamente controlado y subordinado a otras visiones y valores; pero nunca del todo, jamás con total y absoluta seguridad.
    Esto, bien conocido por todos cuantos se dedican al marketing, es la madre del cordero.
    Una vez establecida esta clara y recurrente premisa, y para no perder el equilibrio y coherencia necesarios, se impone el consenso: lo deseable, el mejor de los mundos, es que un culo bonito, o unos abdominales y hombros perfectos en ellos, hagan juego con un carácter agradable y una inteligencia abierta, positiva y afilada.
    Un culo bien formado atrae las miradas, vende y publicita… pero cuando es el conjunto lo que seduce, no hay ya remedio ni salida.

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