“La misteriosa chica del calendario”.


Dios nos libre del día de las alabanzas, aunque a veces las alabanzas post morten son dudosas.

Leemos en el diario ABC: “…una mujer magnética y turbadora en un vértigo de diamantes, alcohol y maridos”. Qué literaria la frase, pero pobre Liz Taylor; ella que ante todo fue la mejor amiga de sus amigos y una actriz que marcó una época, será recordada por algunos como la bella máquina de los excesos.

Dios nos libre del día de las alabanzas del Sr. Ignacio Camacho.

Seguimos hablando de mujeres de belleza enigmática porque hoy la noticia más leída del diario ABC es: “La misteriosa chica del calendario”.

La tenista que al rascarse el trasero levantó accidentalmente su falda y cuya imagen ha sido reproducida hasta la saciedad, ha sido desenmascarada.

Ahora tiene tres hijos, 53 años y unas nalgas que ya no son dos protuberancias perfectamente redondeadas desafiando la gravedad. Esperemos que la chica del calendario se ponga a resguardo de las plumas afiladas vaya a ser que les de por arrojar literatura sobre ella y destrocen otro mito.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “La misteriosa chica del calendario”.

  1. Santiago Curiel dijo:

    Realidad, oportunidad… con toda naturalidad. Está visto que no hay nada, absolutamente nada que sea “posado” capaz de competir con la realidad. Hacen falta muchas tablas y una actriz sobresaliente, una imaginación de guionista aguzada hasta el infinito para superar aquello que, por no previsto ni premeditado, tiene semejante fuerza. Son imágenes de visto y no visto, las que sólo la casualidad y los reflejos del fotógrafo pueden congelar para nosotros; algo que mil veces repetido en un estudio no resultaría igual.
    Una imagen sin duda digna de culto, una imagen que, tal vez, haya hecho más por el tenis que muchas iniciativas de sesudos y entregados federativos… y una imagen casual, natural, encantadoramente fresca. Jamás se insistirá lo suficiente sobre la capacidad de comunicación que encierra lo natural. Hermosas nalgas, desde luego, pero la chica de la foto, incluso hoy, puede estar justamente orgullosa por lo que supuso ese instante congelado… y puede estarlo aunque el tiempo y las leyes de la gravedad hayan modificado sin duda las condiciones de lo que fue tan oportunamente fotografiado.

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