“El cine porno ha muerto…¡larga vida al porno!”.


La pornografía sigue siendo uno de los negocios más rentables pero, como prácticamente todo, también está cambiando al ritmo que lo hace nuestro modo de vida: ella también tiene que ser breve y a la carta.

Hoy la noticia más leída del diario El Mundo es: “El cine porno ha muerto…¡larga vida al porno!”.

Sin tiempo que perder, y previa solicitud expresa, el deseo tiene prisa por quedar reducido a la nada: quién  va a soportar una hora de argumento nefasto y unos actores siliconados si en dos minutos se le puede dar carpetazo al asunto con unos tipos que parecen los vecinos de arriba.

Sí, somos audiovisuales: si no vemos no creemos y si no oímos no sentimos pero, entre carpetazo y carpetazo el asunto sigue ahí, inacabado porque le falta el tacto, el olfato, y por supuesto, el gusto, el buen gusto. Aún así seguimos mirando y oyendo consolidando el porno como una industria en expansión a pesar de que el cine porno ha muerto.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “El cine porno ha muerto…¡larga vida al porno!”.

  1. Felip dijo:

    También aquí se ha establecido el nuevo orden de prioridades: impera la inmediatez, hasta para esto parece que “tenemos prisa”. ¿Quién espera unas horas un guiso a fuego lento cuando puede llevarse a la boca una hamburguesa con pimientos, queso fundido y patatas fritas a la voz de ya?… y ¿quién se toma el tiempo para paladear ese guiso regándolo con un buen caldo y aderezándolo con algo de calma y conversación?

    No deja de ser una manifestación más de la urgencia en la satisfacción de todo tipo de necesidades (reales o supuestas); facilidad y urgencia que definen hoy nuestro patrón de consumo; y se aplica a lo que sea.
    Una escena erótica, pornográfica incluso si se quiere, puede ser un bocado apetitoso… agradable y sugerente a condición de que no “se carguen las tintas”, ni en lo referente a los condimentos, ni tampoco mediante el recurso a la mera y simple saturación… pero también para semejante degustación tienen mucho que ver el paladar y la educación de cada cual.
    No es lo mismo paladear que engullir; no son lo mismo las satisfacciones y fantasías del sexo que una acumulación de prácticas sexuales condensadas en unos pocos minutos. La sensualidad, el placer, la excitación, o la misma íntima y apetecida perversión, no tienen porqué estar reñidas con el buen gusto.

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