“Yo soy Shakiro”.


Imitar no es ser, pero idolatrar tiene sus trampas. Se comienza suplantando la voz de un ídolo y se acaba deseando ser rubia y guapa aunque en realidad el imitador sea un muchachote orondo.

Hoy la noticia más leída del diario El Mundo es: “Yo soy Shakiro”.

No hay que acudir a la televisión chilena para ver algo parecido, estos casos de mímesis se dan todos los días en la vida real: políticos españoles que se creen Obama, periodistas que hablan como Leticia Ortiz, jovencitas crepadas a lo Amy Winehouse, cincuentones con la sonrisa ensayada de George Clooney…

En esta sociedad esquizofrénica queremos ser distintos “customizando” hasta el papel higiénico y en el mientras tanto nos camuflamos con cualquiera, buscando la personalidad en los objetos y renunciando a la nuestra: el mayor de nuestros tesoros.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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4 respuestas a “Yo soy Shakiro”.

  1. María Gastón dijo:

    Cuando la imitación es más bien emulación y se hace en positivo, podemos decir que además de ser natural cumple su función. Por imitación-emulación se aprende la lengua, se adquieren principios y hábitos, se crece.
    Es importante, crucial se diría, el que se den dos circunstancias que marcarán el sentido de ese irse construyendo y creciendo por referencia a los demás: en primer lugar que haya “modelos” en clave positiva y dignos de ser imitados; en segundo lugar que sepamos elegir y reconocerlos de entre la variada oferta que se cruzará en nuestro caminar.
    No se trata de imitar, por mera adecuación formal al patrón percibido; sino más bien de emular lo que éste pueda tener de provechoso para ir construyéndonos a nosotros mismos… claro, que hacerlo de este modo requiere análisis, reflexión y criterio, mientras que una simple y aparente “transposición morfológica” que se centre en la apariencia exterior es mucho más sencilla.
    Quien trata de emular a alguien en sus virtudes y valores merece reconocimiento; quien trata de imitar -ser una simple “calcomanía” superficial y aparente- a alguien que no comprende ni conoce bien, demuestra no valorar en mucho su propia, original e irrepetible individualidad, y lo único que provoca es lástima.

  2. Jorge Rodríguez dijo:

    Es imposible sacarme de la cabeza la idea… ¡qué contradicción!
    El imitar, por puro mimetismo formal, en apariencia y color, sin más propósito de ser una fotocopia de alguien, significa inevitablemente la renuncia no sólo a lo que uno sea, sino también a lo que pueda llegar a ser. Qué lejos y qué diferente de algo que ahora me viene a la memoria, y lo hace sin que quepa otra explicación que la de esa valoración que uno tiene de la personalidad única de quienes conoce bien y a los que profesa tanto cariño como admiración. Estaba pensando, y lo cito como material para la reflexión, que a una buena amiga, a la que quiero, respeto y admiro; una chica a la que considero genial por lo que tiene de inteligente y buena persona, lo único que le digo, y que creo que lo engloba y resume todo, es : sé siempre tú misma, no cambies nunca.

  3. Marcos dijo:

    qué bueno, aquí tienen un montón de regalos… sólo hay que hacerse fan http://on.fb.me/fLGmtr

  4. Juan (10 años) dijo:

    YO PIENSO QUE PUEDES ADMIRAR A ALGUIEN, PERO QUE TIENES QUE SER TÚ MISMO.

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