“Gadafi aparece en la televisión estatal para advertir que sigue en Libia”.


Entras en el diario ABC y no sabes si seguir en directo el partido de octavos entre el Lyon y el Real Madrid o al ministro de Interior libio retirando su apoyo a Gadafi y pidiendo al ejército que se una a los manifestantes.

Mientras la duda juega a fútbol y presencia una carga militar en un país donde no existen las bolas de goma y las armas de fuego tiran a matar, vemos que la noticia más leída es: “Gadafi aparece en la televisión estatal para advertir que sigue en Libia”.

La fanfarronería con la que su hijo anunciaba que papá no saldría del país y la aparición de 10 segundos del padre saliendo y entrando en un coche situado al lado de casa (juraría que grabación se ha hecho en su garaje) podrían ser meras anécdotas de mal gusto de no ser porque la sangría en las calles libias parece no tener fin.

La paciencia del pueblo árabe es mucha pero ya se ha acabado y está dispuesto a demostrarlo hasta sus últimas consecuencias: Egipto y Libia están escribiendo en este mismo instante algunas de las páginas más importantes de la historia actual quedando como ejemplo de cómo se pueden hacer bien y mal las cosas, respectivamente.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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3 respuestas a “Gadafi aparece en la televisión estatal para advertir que sigue en Libia”.

  1. José Luis dijo:

    A lo que asistimos estos días es al punto de inflexión que marca, para el mundo islámico, un serio intento de salir -de una vez por todas- de la Edad Media. No se trata tan sólo de los 622 años que llevamos de diferencia, sino que principalmente hay otros factores, auténticas señales, que lo confirman.
    Estos países estan tratando de vivir su particular “Recolución liberal”. De un lado se rechaza el modelo estamental de corte feudal en el que viven, éste en el que unas familas y la real entre ellas, son dueños absolutos de todo: recursos,bienes, conciencias, vidas. Por otro lado, y también aquí se acusa el paralelismo, se trata de deslindar en reinos como Marruecos, el papel político y también el religioso que encarna el monarca.
    Algo muy gordo está pasando, y asistimos desde primera fila a estos cambios, a esta revolución. Ahora falta saber si será “a la inglesa”, pactada y sin cadalso; o a la francesa con sangre y guillotina… pero el empuje popular que marca el cambio de época parece, hoy por hoy, imparable.
    Se trata de una oportunidad en la que el mundo árabe puede entrar en la modernidad, desterrar sus viejos y caducos fantasmas, tratar de hablar de igual a igual el lenguaje social y político del mundo contemporáneo. Y por eso mismo, no queda duda sobre el final de regímenes como el de Gadafi, aunque recurra a las descargas cerradas y homicidas sobre el pueblo, al igual que sucediese en Versalles contra los sans coulotte y los hamrientos.
    Es una convulsión generalizada, también sangrienta allí donde las razones pretenden acallarse con fusiles; pero nada volverá a ser como antes, el pueblo está dando un fuerte y solemne aldabonazo a la puerta de la historia.
    Son días interesantes, definitivos; esperemos que los occidentales, con prudencia pero sin tibieza alguna, sepan estar a la altura de las circunstancias. Porque esta vez, si nada se malogra ni se pierde, si nada se sale de su cauce, la tan pregonada alianza de civilizaciones puede ser posible, por fin, en los valores de apertura, democracia y progreso, hay un fondo de lenguaje e ideología comumes… estoy cruzando los dedos.

  2. Ramón Laplana dijo:

    No es de extrañar la postura del dictador libio. Cuando uno ha ido demasiadas veces demasiado lejos, cuando sabe que sólo el terror le ha mantenido hasta ahora en su posición de autocracia sin límite, cuando no hay “plan B” porque se han quemado todas las naves, no queda sino enrocarse y tratar de que pase la tormenta… pero no pasará.
    Ayer se apuntaba, a título de posibilidad-rumor, que tal vez huyese a Venezuela; pero esta vez el recibir a semejante huésped ha sido demasiado incluso para el megalómano Hugo Chávez, porque aún compartiendo demonios comunes, la visión mesiánica centrada en sí mismos que pretende justificar lo injustificable, y las maneras de acallar a todos cuantos se oponen a sus designios; porque dado el cariz que están tomando los acontecimientos recientes, hasta el propio fanfarrón sudamericano ha comprendido que era demasiado.
    Está claro, se mire como se mire, que a Gadafi “no le queda otra” que permanecer en esa Libia que durante tanto tiempo ha subyugado y tiranizado; pero se equivoca en lo de morir como “un mártir”, porque ningún dictadorzuelo bañado en sangre ha merecido jamás esa categoría.
    Gadafi permanece en Libia; tampoco tiene a dónde ir, y se está quedando cada vez más sólo. El epílogo se aproxima, y dudo mucho que nadie mueva un solo dedo por ayudarle. No sabemos qué rumbo pueda tomar Libia cuando este asesino desaparezca de escena, pero tampoco nadie va a lamentarlo.

  3. Txema Albert dijo:

    No nada más patético que un dictador sin nada que dictar.

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