“Jordi González: “Telebasura, tu puta madre””.


Es comprensible que a Jordi González, como a cualquiera, le puedan fastidiar determinados comentarios de sus interlocutores, lo que cuesta más de entender es que el presentador de rienda suelta a su ira y públicamente exprese lo que debió guardar para sí y sus personas de confianza.

Hoy la noticia más leída del diario La Vanguardia es: “Jordi González: “Telebasura, tu puta madre””.

Ante un mal día, la tentación de arremeter contra el primero que se mueva está ahí, pero es más la sensatez que nos convence de que mantener una actitud semejante no nos beneficia en nada.

La agresividad verbal es tan nociva como cualquier otro tipo de violencia, con la diferencia de que ésta va socavando sibilinamente los cimientos éticos más sólidos y, sin darnos cuenta, un bien día nos levantamos acostumbrados a los insultos y los gritos, desestimando los efectos invisibles que tiene un “tu puta madre”.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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3 respuestas a “Jordi González: “Telebasura, tu puta madre””.

  1. Nacho Vidaller dijo:

    Las formas, dígase lo que se quiera, siempre han sido y serán importantes. La esencia de las situaciones está ahí, y puede ser algo sólido como una pared de hormigón armado; pero las formas -calificadoras y expresivas de la intención última con que se muestra- son las que imprimen carácter y marcan las diferencias.
    No es nada nuevo que todo personaje en alguna medida público ha de tener una “familia lavable”, como tampoco lo es la previsión abierta que ha de mantenerse a recibir comentarios poco amables como retribución al trabajo realizado… y por tanto de esto a las alusiones a “la pastelera madre que matriculó” al que vierte el comentario, hay una distancia que ni como persona ni como profesional debe transitarse.
    Desde luego no es de recibo concebir que cuantos trabajan con la opinión pública tengan la categoría de fácil y gratuito muñeco de pim-pam-pum; pero tampoco pueden, ni por asomo, colocarse a la altura -o por debajo en este caso- de quienes critican sus actuaciones; y mucho menos si forman parte de ese público a quienes los primeros se deben. Ha de tenerse en cuenta que lo que para unos es afición, para los otros es profesión; que las teclas que se pulsan y la caja de resonancia no son las mismas… y que esta desigualdad de entrada existente no puede ser ignorada.

    El insulto nunca ha sido un argumento; todo lo más una válvula de escape, un simple y zafio derecho al pataleo descalificador cuando no se tienen a mano razones para contradecir lo que nos pica y escuece. El insulto tan sólo representa una salida de emergencia, nada airosa por otra parte. Por eso mismo, quienes desde situación de preponderancia y ventaja los utilizan, resultan ser siempre los primeros descalificados.
    Nada es la forma en sí misma sin la esencia; pero esa misma esencia desmerece y parece perder enteros cuando las formas quedan fuera de lo admisible, cuando aún siendo necesaria el agua, “se riega fuera de tiesto”.
    No debió gustarle a Jordi González la observación… pero son “gajes de su oficio” y por tanto jamás debió a su vez contestar en semejante tono.

  2. Daniela Romero dijo:

    Todo el mundo puede, en un momento dado, perder los papeles; es algo inherente a la condición humana… pero también existe la posibilidad de recuperarlos por la vía del reconocimiento del error cometido; siendo además lo procedente.
    Y aquí entramos, nuevamente, en el terreno de las formas y de lo que a través de las mismas se transmite. Ignoro en qué términos se produjo la rectificación en twitter, pero ayer en “la Noria” la alusión al incidente que hizo Jordi González fue antes que conciliadora, beligerante. Saldó el incidente con una especie de: “se me escapó, me disculpé y ya está”, acompañando tan tibia declaración con un encogimiento de hombros y un torcer los labios que buscaba la complicidad de la audiencia y que pareció más bien una crítica velada a lo “susceptible” que nos ha resultado ser quien me ha reprochado esta tontería…
    Nadie pretendía ni esperaba un auto de fé con la quema del hereje; pero tampoco es algo de lo que pueda salirse sin una disculpa honrada y sincera al tiempo que pretendiendo -para colmo- más bien justificar los hechos, mantener las posiciones.
    Meter la pata es humano; empeñarse en mantener la postura errada contra viento y marea justificando lo inadmisible, es ya otra cosa.
    Lo de Jordi ayer ante la audiencia, expectante por ver qué se decía, fue pura prepotencia; una mayúscula falta de respeto no sólo para el ofendido, sino para la inteligencia de todos cuantos conocían los hechos y aguardaban el epílogo que les echase el cierre.

    • Tudi Martín dijo:

      Pues sí Daniela, estaría bien lo del “reconocimiento del error” pero eso es “vintage” (palabra que utilizan los modernos para llamar anacrónico a algo).
      Vivimos los tiempos de la gilipollez y del no reconocimiento del error, con lo cual todavía acabamos pareciendo más imbéciles cada vez que nos equivocamos.

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