“Directo: miles de personas vuelven a acudir a la Plaza Tahrir en El Cairo”.


Emociona comprobar cómo miles de personas se ponen de acuerdo para pedir ser tenidos en cuenta. Jóvenes, pero también familias enteras y señoras mayores marchan al unísono para protestar sobre la situación política y social en su país, con un lema que comenzó siendo “pan y paz” y que ahora clama la retirada del que les ha negado lo elemental.

Que nadie juzgue exclusivamente las imágenes difundidas estos días: el pueblo egipcio es, sin lugar a dudas, un pueblo pacífico y de paciencia casi infinita. Previamente ha habido treinta años de beneplácito a las élites, mientras a la comunidad internacional le resultaba más cómodo y rentable mirar hacia otro lado.

Hoy la noticia más leída en el diario ABC es: “Directo: miles de personas vuelven a acudir a la Plaza Tahrir en El Cairo”.

En todos los rincones del mundo debería de haber una Plaza Tahrir: un lugar en el que los valientes levanten su voz para reclamar lo que debería ser un derecho y recordarle al mundo que los pueblos son personas, no monumentos. Para sorpresa de algunos.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Directo: miles de personas vuelven a acudir a la Plaza Tahrir en El Cairo”.

  1. Raquel Carretero López dijo:

    Seguramente se tratará de un simple motivo de cabida en un determinado lugar público nada más; pero a pesar de ello no deja de ser destacable el papel que las plazas suelen jugar cuando el pueblo -la mayoría- se echa a la calle por que todo se ha vuelto ya insoportable, porque parece preciso decir -y gritar- “basta ya”.

    Me vienen a la mente la Plaza de Mayo, la de Tiananmen, la Piazza Venezia y tantas otras… parece como si en ellas volviese a revivir el ágora griega donde nació la democracia o el foro romano donde los ciudadanos decidían sobre los más trascendentes asuntos. Y ese carácter, multitudinario y plural, abierto y espontáneo de las plazas parece ahora revivir en Egipto, materializándose en la de Tharir.
    No soy una ingenua, sé que han habido “otras plazas” como la de Oriente… pero no han tenido el mismo carácter ni pasarán a la historia con tanta gallardía. La plaza que cuenta es la que da libertad y expresión al pueblo, no la que lo estabula ni lo aborrega.

    Mientras queden conciencia y una plaza abierta, mientras codo con codo la gente pueda pedir -exigir llegado el caso- lo que en justicia siempre debió ser, no morirá la esperanza.
    Un tirano puede alargarse en el tiempo, imponerse por la fuerza… pero jamás podrá matar ni la fuerza ni el espíritu que llenan cuando es preciso una plaza.

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