“Los trabajadores tendrán que cotizar 38 años y medio para jubilarse a los 65”.


Unos años con media jornada, después al paro. Más tarde una sarta de contratos de seis meses. Luego, de un sitio a otro contratados por obra y servicio. También otros contratos por horas que completaban con abultados pluses, de esos que no cotizan. Y de vuelta al paro, y de regreso al mercado laboral para acometer un proyecto de futuro, que acabó en unos años, para acabar de nuevo en el INEM.

El resultado es que te puedes pasar toda la vida trabajando, con breves paradas forzosas y no acercarte ni de lejos a la cotización a los 38’5 años, ni a una de diez años menos.

Hoy la noticia más leída del diario El País es: “Los trabajadores tendrán que cotizar 38 años y medio para jubilarse a los 65”.

Los que han llegado al acuerdo: políticos y sindicatos, pertenecen a esa clase de privilegiados que, por edad y suerte, cobrarán la pensión de jubilación completa, seguramente a los 65 o antes. El resto no podemos más que lamentar nuestra suerte, nuestra edad y nuestra imposibilidad de hacernos oír por los que idearon la propuesta y por los que han dado su visto bueno.

Los que han acabado mirando para otro lado han convocado para hoy una semi-huelga que, por la poca publicidad que los propios convocantes le han dado, más parece un teatrillo con el que quedar bien con sus afiliados sin dar problemas a los que mandan.

Y mientras tanto nosotros aquí, pensando como única solución en hacernos un plan de pensiones…¡ay no, que estamos en paro!.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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7 respuestas a “Los trabajadores tendrán que cotizar 38 años y medio para jubilarse a los 65”.

  1. Jaime dijo:

    Tengo una duda, una duda yo diría que “razonable”: ¿están tontos o piensan que los tontos somos los demás?
    No se enteran… o si lo hacen es en clave autista: sólo contemplan la realidad desde el cómodo rincón de su ombligo, y sus ojos no ven más allá del alivio de saber su culo y su posición (también pensión) a salvo.
    Un simple cálculo, de los de la “cuenta de la vieja” : treinta y ocho años y medio cotizados al cumplir sesenta y cinco; habría que comenzar a trabajar, como muy tarde, a los veintiseis años… ineludiblemente; y eso contando con que no haya “periodos en medio en blanco” lo que visto el panorama actual con los empleos basura, cíclicos y precarios, desmentidos y quebrados por fracción de jornada, acogidos a planes de promoción de empleo tan eventuales como los fondos que los nutren y los ministros que los suscriben… habida cuenta de la picaresca que muchos empresarios (también el estado y los entes públicos) se llevan con los periodos de contratación y el fácil recurso a las ETT… pues no es que sea imposible, pero desde luego no resulta demasiado fácil.

    Tal como lo pintan, y perdón por señalar con el dedo, no quedan sino cuatro posibles salidas:
    1) la que podría decirse “regular” y que cada vez desmiente más y más semejante nombre: que nos contraten al terminar nuestros estudios o entremos al mundo laboral al culminar la escolarización obligatoria.
    2) partirse el pecho y dejarse las pestañas para asirse a las ubres del estado, la comunidad o el ayuntamiento de turno para “apalancarse en la función pública”… siempre y cuando todavía queden oposiciones y no se cubran las vacantes por “concurso de méritos” u otras formas de provisión ad hoc (digitales y a medida) fenómeno por otra parte cada día más frecuente.
    3) la vía dulce de la solución “eléctrica”, con/sin transformador… ya se sabe, la de siempre: ser algo así como “hijo de obispo” que se suele decir… o de Bill Gates… o de Botín… o de Aznar.
    4) asumir que la “jubilación” la tendremos antes y previa a nuestro periodo de vida laboral, y contentarnos con la idea de que al menos los mejores años de nuestra vida seremos, aún en precario, unos Nini viviendo a costa de nuestros padres.
    Todavía quedaría una quinta, la que podríamos llamar la “Pajín”: hacerse con un carnet eligiendo bien y, sin moverse ni descolocarse demasiado en la foto de cada momento, tener claro que la empresa de uno va a ser la política.

    Son fantásticos estos chicos; ni en la peor de las pesadillas se me hubiese ocurrido semejante ramillete de alternativas del diablo… verdaderamente hacen bueno aquello de que la realidad supera, y por mucho, a la ficción.

    • Jaime dijo:

      Me autocorrijo, porque se ha demostrado -una vez más- que la imaginación no tiene límites… para “hacerse la cama” y defraudar tampoco. Había, y hay hasta que se cierre la posibilidad, otra manera, y en estos días, en Andalucía, el tema está de rabiosa y mafiosa actualidad: cotizaciones y altas ficticias para lograr pensiones muy reales… y oportunas.
      El que la mayoría en el parlamento regional, del mismo signo y color del partido que está en el gobierno -y nos pide el “sacrificio” a todos en lo tocante a las pensiones- no quiera saber nada sobre la posibilidad de investigar estos auténticos e insolidarios fraudes, no deja de ser una nota colorista y castiza: habrá que reconocerlo… aunque no lo seamos todos, lo cierto es que algunos sí somos así.

  2. José Luis dijo:

    Involución: así de terminante es la palabra, así de duro el concepto.

    Los mecanismos de “seguridad social”, y esto a pesar de los bailes ministeriales engloban las pensiones y la sanidad y son una conquista social, algo que ha costado sangre, sudor y lágrimas. El derecho a una pensión DIGNA y SUFICIENTE que garantice las condiciones mínimas necesarias para la supervivencia y dignidad de la persona, según pensábamos, era un paso irrenunciable.
    Pues parece ser, tal como pintan las cosas, que no es así.

    A lo largo del tiempo y con carácter positivo se había pasado de una concepción “profesional” o bismarckiana de las protecciones necesarias a una “universal” o beveridgiana, tendente a reconocer a toda persona, por el hecho de serlo, ese derecho a unas condiciones mínimas de dignidad; y ello independientemente de su historia laboral. En este marco la iniciativa privada, los planes de pensiones que cada cual pudiera contratar con entidades financieras y similares, se conciben como COMPLEMENTARIOS, dado que ese mínimo quedaba legalmente garantizado para todos.

    En los avatares de la historia más reciente, obvio es decirlo, esta concepción parece haber sido abandonada por quienes detentan el poder y tienen la obligación de garantizar el correcto funcionamiento del modelo. Los planes de pensiones “particulares” no son ya un mero complemento, sino una cuestión de necesidad ante la mala gestión y consiguiente precariedad de las prestaciones legales: nada garantiza ya esas condiciones mínimas.
    Pero todavía la perversión del sistema alcanza cotas más destacables: un plan de pensiones privado requiere, como es lógico, aportaciones por sus titulares y beneficiarios, y ello conlleva el poder disponer de unos ingresos con cierta regularidad y seguridad; ingresos que en la inmensa mayoría de los casos sólo pueden tener un origen: las rentas del trabajo. Por tanto, haciendo una lectura simple, obtenemos el resultado de que esta solución -antes voluntaria y ahora prácticamente imprescindible- conlleva una vida laboral estable con unos ingresos saneados que se prolongue en el tiempo y se proyecte debidamente en el fondo contratado.
    Nada más lejos de la realidad, dicho planteamiento se trata de una auténtica entelequia para quienes se las están viendo y deseando para cubrir a duras penas los periodos de cotización mínimos y necesarios que ahora se establecen.

    No termino de ver la bondad de la “solución” en las medidas adoptadas, como tampoco veo ningún progreso en lo que suponga el recurso a los planes y fondos de pensiones privados que inevitablemente serán, y más a partir de ahora, elitistas por lo minoritarios; y no los veo por la sencilla razón de que siguen siendo terreno vedado para quienes más los necesitan, porque van a dejar fuera a un importante porcentaje de la población.
    Por eso, y pueden sus autores y cómplices (no creo que cuadre un término más suave) contar lo que les parezca, todo cuanto estamos viendo cuajar y padeceremos no es sino un paso atrás, involución pura y dura. Al calor de la crisis se han fundido, tal vez para siempre, toda una serie de conquistas sociales que se alcanzaron a lo largo de los años.

    A la desagradable sorpresa que supone el constatarlo todavía habría que sumar la incoherencia del planteamiento de quienes como fin y función dicen tener la defensa de los derechos de los trabajadores, esto es: los sindicatos. Se sabe que su capacidad de lucha está bastante devaluada, que se han hecho acomodaticios y casi un apéndice de los poderes político y económico en muchas ocasiones, que se han “domesticado-apesebrado” por aquello de la búsqueda del consenso y el “mal menor”, teñido todo ello de racionalidad supuesta… pero esta vez no hay razón ni consenso que pueda explicar la claudicación, el abandono, la hipocresía latente en las posturas que mantienen. Con la llegada de la democracia se reivindicaron frente al conocido modelo de “sindicato vertical” del régimen… ¿alguién podría decirme, aquí y ahora, dónde está la diferencia?

  3. Txema Albert dijo:

    ¿Cuál es la sorpresa? A estas alturas de la partida ya no hay sorpresas –creo yo-. La culpa es nuestra; nuestra por dejarles usar a los políticos y a sus tecnócratas un lenguaje lleno de eufemismos. Una jerga propia en la que se descontextualizan los términos para camuflarlos con un celofán que no deje ver el contenido.
    Un día les permitimos decir “daños colaterales” a lo que siempre se habían llamado “muertos y víctimas civiles”; otro les escuchamos aquello de “hoja de ruta” a lo que siempre habíamos denominado “plan”. Y así sucesivamente, saltando de cursilada en cursilada y de eufemismo en eufemismo.
    Acostumbrados ya a los juegos de magia lingüística, ¿a quien le extraña que hablen de REFORMAS cuando quieren decir REBAJAS? ¿Acaso la Reforma Laboral no es un abaratamiento del despido? ¿o la reforma de las pensiones la reducción de las perspectivas de ingresos?
    No digo que tales rebajas sean o no necesarias -no voy a entrar en eso, que es otro debate-, sólo pido que cuando me receten un supositorio no me lo camuflen con el eufemismo de “glicerina rectal”. Ya sé que me va a doler, no hace falta que me tomen por tonto.

    Refrán al uso: “A buey viejo, cencerro nuevo”.

    • Tudi Martín dijo:

      Cierto Txema: un supositorio es un supositorio y una putada es una putada. Lo penoso es que los eufemismos son contagiosos y algunos medios de comunicación están en la UCI.

  4. Rodrigo de Andrés dijo:

    Cuando el eufemismo no trata de salvaguardar el pudor, más o menos discutible, sino que se consagra a enmascarar y ocultar la realidad, la definición de lo que “nos cuentan” es muy distinta: se llama felonía para los de letras y amantes de los clásicos; mendacidad para los juristas; embuste y mentira en lenguaje de la calle.

    Pero independientemente de la apariencia “correcta”más o menos maquillada, tras el tratamiento de dorar y lustrar lo impresentable, las cifras que marcan la realidad son inamovibles, y están ahí para todo aquel que quiera verlas. Son cifras, simples cifras, y además en absoluto “sospechosas” en lo que atañe al origen de la fuente de que provienen: el FMI y el BCE:
    -En el caso de España las ayudas de la hacienda pública –que somos todos- a la banca privada autorizadas por el BCE se elevan a 220.000 millones de euros, lo que representa el 22% del PIB español (que se cifra entorno a un billón de euros).
    – Teniendo en cuenta que la población española es de algo más de 44 millones de habitantes, los 220.000 millones de euros significan una aportación media de casi 5.000 euros por persona, independientemente de su edad y situación laboral, contando y aportando desde los niños de pecho hasta los ancianos.
    -Si en lugar de tomar como base la población total se efectúa el cálculo con el número de cotizantes a la Seguridad Social y, por tanto, con empleo (17,9 millones, en números redondos)-, la aportación asciende a 12.300 euros (más de dos millones de pesetas) por afiliado a la Seguridad Social.
    -De esos 220.000 millones de euros, lo ya materializado por medio de avales, compra de activos y cobertura de morosidad representa unos 60.000 millones de euros y el resto, según la vicepresidenta económica, será ejecutado “en los próximos meses”, en los que la reestructuración del sector bancario “dará grandes pasos”.
    – El gigantesco “agujero negro” que todo esto provoca en las cuentas públicas es parte de lo que se conoce con el nombre de déficit público, que en España rondaba ya el 10% del PIB al finalizar 2009 y se acercará al 15% si se hacen las cuentas del 2010.

    Y como suele decirse: ahora, si puedes, píntalo verde.

  5. Jesús M. dijo:

    No me gusta mirarme permanentemente el ombligo, pero sí me siento autorizado a analizar la realidad desde el punto de vista personal, sacando conclusiones reales a partir de lo que conozco, lo que de algún modo por proximidad me afecta.
    Hoy, día 29, una chica a la que aprecio, médico recién titulada, con unas calificaciones en la carrera con media de sobresaliente, está realizando las pruebas del MIR.
    Veinticinco añitos recién cumplidos, seis años de carrera, sin haber repetido jamás y dándolo todo por lo que hasta ahora ha sido su “trabajo”: prepararse, estudiar.
    Respetada y querida por sus compañeros, apreciada y valorada por sus profesores; una trayectoria académica impecable.
    La chica, en palabras sencillas, no es que lo haya hecho “bien”, lo ha hecho perfecto.

    En el mejor y más probable de los casos (confío y espero) superará la prueba, y consecuentemente afrontará un nuevo periodo de formación de tres años( que han de sumarse a los seis invertidos en cursar la carrera) para especializarse; un periodo durante el que su retribución rondará los 900 euros al mes y en el que habrá de cubrir “guardias” que suelen pagarse a 1o euros la hora. Toda la responsabilidad del mundo, exigencia de profesional consagrado… condiciones de becario-en-precario.
    Y como expongo, ésta es la más favorable de las hipótesis.

    Si para jubilarse a los 65 años con la pensión íntegra ha de comenzar la vida laboral a los veintiseis queda claro que no puede equivocarse, que no se le admite ni un único error, bajo pena de “no entrar en las cuentas”, de no cubrir el periodo mínimo exigido que se pretende implantar con carácter general.
    La reforma en ciernes me parece injusta, excesivamente dura para cualquier trabajador por los cómputos y condiciones que se exigen; pero es que además, casos como el que les comento demuestran que además de injusta es ilógica.

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