“Aznar anuncia que el Estado de las autonomías es inviable”.


Tienen ganas de utilizar la tijera y les motiva especialmente meterla en las autonomías (la tijera, se entiende).

Es cierto que la crisis está forzando a reajustes presupuestarios en todos los frentes pero el PP tiene una fijación especial con todo lo que tenga que ver con frenar la descentralización en España.

Hablan de este país como si sólo fuera suyo y entienden las comunidades autónomas como una pérdida de poder estatal, mostrando una falta de respeto preocupante por las decisiones tomadas en democracia.

Hoy la noticia más leída en El Periódico es: “Aznar anuncia que el Estado de las autonomías es inviable”.

Muchas empresas achacan el despido de sus empleados a los momentos críticos que está atravesando la economía, cuando este no es más que la coartada perfecta. Esperemos que, si se diera el caso, la economía no se convierta también en la excusa perfecta para forzar un retorno a la España que algunos añoran.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “Aznar anuncia que el Estado de las autonomías es inviable”.

  1. Carlos Solans dijo:

    No hay mayor error que pretender invertir el paso de los tiempos, que mirar atrás como única posibilidad de solución frente a los problemas.
    El centralismo napoleónico tuvo su momento, en el siglo XIX, y se trató entonces de un paso adelante, de progreso y modernidad frente al panorama localista y oligárquico del antiguo régimen. Tuvo su momento, quemó su etapa, consagró y dejó la herencia de sus logros en todo cuanto tuvo de conquista de libertad, de igualdad, de progreso.
    Pero quienes cantan, ahora y a contratiempo, sus virtudes, parecen olvidar que los pasos dados y el camino recorrido desde el estado liberal -decimonónico y centralista- hasta el estado social, democrático y de derecho en que vivimos, no han sido ni fáciles ni gratuitos. La realidad estructural que ahora critican es fruto de la evolución en clave de conquista y progreso de ese estado liberal por el que abogan, una concepción ideológica que lo desarrolla y lo supera.
    Puede que toquen tiempos complicados, que el camino que recorremos tenga sus obstáculos y que se haga necesario un esfuerzo de imaginación y voluntad para seguir adelante y superarlos… pero el mirar atrás, y todavía con mayor motivo el pretender volver sobre los propios pasos, nunca será una solución; se trata más bien de la tentación de quienes sin fuerzas ni ideas prefieren un escenario probado y conocido.
    El estado autonómico, aún sumidos como estamos en una profunda crisis, no es en sí el problema, y para demostrarlo y curar toda posible tentación de retorno a una concepción centralista bastará con mirar a nuestro entorno, a esta Unión Europea de la que formamos parte. Si lo hacemos veremos que Francia, a pesar de su centralismo vigente y militante, tampoco se ha librado de conflictos ni problemas; mientras que otros países como Alemania, a pesar de sus länder y su estructura federal, capean la crisis con mucha mayor soltura.
    El arremeter contra las autonomías, el culparlas de la situación responsabilizándolas de la crisis y sus efectos, es una visión simplista y retrógrada, nada que se sostenga desde el más elemental principio de coherencia y racionalidad. otra cuestión estriba, y esto es lo que no se manifiesta claramente, que en tiempos complicados cada cual culpa a sus particulares demonios de lo que sucede, necesita su chivo expiatorio y su bestia negra… y desde esta perspectiva, contemplándolo así, es cuando queda bastante definida la postura de quien protagoniza hoy la entrada. Bien mirado, nada nuevo por otra parte.

  2. Txema Albert dijo:

    No es un refrán, pero vale al caso. Decía Forrest Gump que “tonto es el que dice tonterías” y ser expresidente de un país no te exime de soltar perlas como las suyas (ni es la primera ni, desgraciadamente, será la última), sobre todo, cuando pasado ya el tiempo, continuas sin digerir el resultado de aquellas elecciones perdidas.
    Aznar pertenece a ese grupo selecto de personas que se creen en posesión permanente, ineludible, incontestable (e insoportable) de la verdad -de la “verdad absoluta”, que es lo peor-. Pertenece a ese núcleo refractario a otra realidad que esté dos palmos más allá de su ombligo (tan cerca de su estómago agradecido) y que piensa que este país estaría mejor sin auntonomías, sin sindicatos, sin leyes que regulen el despido, sin sanidad ni educación pública, sin gays ni lesbianas, sin leyes de emigración, sin medios de comunicación públicos…, SIN, SIN, SIN… y a la postre sin vergüenza. Puestos a pedir un país SIN, yo pediría un país SIN aznares, pero eso no va a poder ser.
    Al menos no ha dicho que “con Franco vivíamos mejor” -que es lo que realmente piensa-.

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