“La última cena de la ley Sinde”.


Al más puro estilo de los lobbies la ministra de Cultura sigue sin escatimar esfuerzos para que la maltrecha ley Sinde salga adelante sea como sea. Encuentros casuales, reuniones con personas influyentes, cenas informales: todo vale para intentar recabar apoyos.

Conversaciones que se presuponen confidenciales en las que, de manera tácita, hay un compromiso de discreción absoluto. O al menos así era hasta que Amador Fernández-Savater contó detalles de una de esas reuniones en su blog.

Hoy la noticia más leída en el diario ABC es: “La última cena de la ley Sinde”.

El ansia de darse importancia es un mal que aqueja a muchos, es la manera que tienen de sentirse poderosos. Como el escalador que corona el Everest y clava la banderita para decir “yo estuve allí y tú no” son capaces de contarle al mundo lo que piensan otros que tienen boca para explicarlo pero no quieren hacerlo.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “La última cena de la ley Sinde”.

  1. José Luis dijo:

    No puedo decir que la noticia me parezca “sorprendente”; pero en cambio sí veo en ella algunos aspectos que me parecen bastante curiosos.

    El que una ministra, integrante del ejecutivo, y que además tiene el soporte del grupo parlamentario más nutrido, ande buscando apoyos y complicidades en ámbitos tan dispares, y que lo haga pudiéramos decir “de tapadillo”, me parece que tiene su lectura.
    El que alguien, presunta y supuestamente “cercano” levante la liebre y lo pregone a los cuatro vientos, es indudable que también dice mucho; y no sólo sobre la falta de discreción del alcahuete, sino del criterio seguido para seleccionar y citar a los contertulios-comensales por aquella de quien parte la iniciativa.

    No suscribo, desde el principio, la forma en que se está abordando la resolución del asunto -las descargas y los legítimos derechos de autor-; tampoco me gusta ahora esta forma de pretender “resolverlo” de espaldas al público y sus supuestamente legítimos representantes… porque el pretender forzar los hechos cuando por la vía legal y prevista se vetan, puede llamarse de muchas maneras, pero ninguna de ellas es admisible en democracia, y todavía menos cuando se utilizan por quienes ocupan puestos de responsabilidad política y de gestión.
    Los apoyos, si se desean políticos y legales, no cabe buscarlos sino por consenso con otros grupos políticos en el parlamento; y si lo que se desea es el apoyo de la sociedad, tampoco el andar de compadreo con quienes tienen y mantienen fuertes intereses fácticos y económicos en el asunto, esa especie de élite empresarial, me parece la más acertada de las opciones.

    Puede pensarse que Amador Fernández Savater – por darse importancia, o vaya usted a saber por qué razones- ha faltado a la discreción y ha traicionado de alguna forma la confianza que se le había otorgado… pero hablando de discreción y confianza, el error de la ministra, con su actitud de outsider, me parece todavía más reprobable.

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