“Tiroteo en Arizona”.


La crispación política y la social se retroalimentan y el precio lo puede pagar cualquiera.

Con los ánimos templados y la cabeza centrada, el asunto quedará en gritos desaforados a la salida de una conferencia o en el lanzamiento de huevos, zapatos o la reproducción de la Torre de Pisa. Cuando no se dan unos mínimos y, además hay pocas restricciones en el acceso a las armas, el desenlace puede ser fatal.

Hoy la noticia más leída en el diario El Mundo es: “Tiroteo en Arizona”.

Arengar a las masas tiene sus riesgos; daños directamente proporcionales al populismo postulado por los líderes políticos y los medios afines que actúan como altavoces de sus incendiarias proclamas.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Tiroteo en Arizona”.

  1. Gonzalo dijo:

    Y van la tira; está claro que estos chicos tienen un problema con su famosa “segunda enmienda”, lo que junto a ese liberalismo tan individulista y profundamente enraizado que huye de todo control y fiscalización, les hace ser titular de la actualidad mundial demasiadas veces en clave luctuosa.

    No se trata tan sólo de la inquietante facilidad para hacerse con un arma, sino y sobre todo por la mentalidad y conciencia -en este caso ausencia de ellas- que es exigible a quién las posee.
    El cómodo y sencillo “acceso” es tan sólo una variable de la ecuación, otras vienen por el tipo y función a que se dedican y sobre todo por la educación y bases éticas y morales para su posesión y uso. Vencida la primera sorpresa, sobreponiéndose a la indignación, aseguro tener más reservas y más temor ante un descerebrado que empuñe un simple destornillador o un martillo que ante un policía, cazador o tirador deportivo que posea un arma de fuego. El problema es que en esos EE.UU. que tantas veces nos presentan como “modelo” de mentalidad y forma de vida, ambas partes -el descerebrado y el arma- coinciden demasiadas veces.

    No necesito hacer mención a la cantidad de armas de caza existentes en este mismo país, y convendremos en que no abundan, felizmente, episodios como los de Puerto Urraco. Tampoco es explicable desde la misma óptica el caso suizo: un país con siete millones de habitantes de los que unos 360.000 pertenecen al ejército entre los 18 y los 42 años, que integrados en él realizan periódicos ejercicios y maniobras y que guardan sus armas reglamentarias… ¡en su propio domicilio!

    Un arma no es un juguete, como tampoco lo es un cuchillo jamonero, un automóvil, un hacha o unas simples tijeras.
    Siendo objetivos el peligro no está en los objetos, utensilios, herramientas… el tema está en la proliferación descontrolada, tolerada y admitida, y en la carencia de garantías sobre el estado mental y equilibrio emocional de quienes han de utilizarlos.

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