“Un falso Artur Mas consigue hablar con el Rey”.


Me levanto por las mañanas escuchando en la radio cómo un tipo llama a los interfonos intentado sacar de quicio a la gente que está tranquilamente en su casa.

Después otro utiliza el teléfono y hace bramar a una persona con claros desequilibrios mentales: “es la broma más votada de la semana”, asegura el presentador.

Todos nos hemos metido a graciosos y, con tanto chistoso suelto la tontería cada vez debe ir más lejos para seguir haciendo reír. Esta vez la mofa ha llegado hasta el Rey, lo que la hace más desternillante, como si el que está leyendo el diario en su casa tuviera menos derecho a no ser importunado con el único pretexto de que el mundo se carcajee en su cara.

La noticia más leída en El País es: “Un falso Artur Mas consigue hablar con el Rey”.

Tomarle el pelo a la gente se ha convertido en la manera más barata y fácil de llenar minutos de radio; un recurso tan trillado y previsible que ya aburre.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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3 respuestas a “Un falso Artur Mas consigue hablar con el Rey”.

  1. José Luis dijo:

    No se trata de que el “sujeto paciente” haya sido el rey, que lo mismo daría que se tratase de Perico el de los Palotes.
    Lo que alguno vende como broma y susceptible de generar espectáculo es, en realidad, de naturaleza bastante diferente: se trata de una agresión a la intimidad, un grosero golpe de fuerza para colarse en vida y domicilio ajenos.
    Bastante tenemos ya, y esto también requiere medidas de una vez, con esos asaltos e intromisiones telefónicas que, desde un enfoque bastardo de la publicidad, nos molestan a menudo sacándonos de nuestros quehaceres.

    Una broma, según me enseñaron, debe ser tomada y entendida como tal tanto por quien la lleva a la práctica como, y principalmente, por quien la padece… y el resto de estos impuestos, zafios y desconsiderados gracejos, son ya otra cosa.
    No me gusta que nadie se ría de nadie, y tampoco me parece una forma válida de ganar audiencia o notoriedad el recurrir a estas agresiones a la intimidad de los demás.
    Para colmo, y esto parece olvidarse, el que uno pueda quedar de “hábil” o “gracioso” en estas circunstancias conlleva que otro deba hacerlo de ingenuo… en la más benévola de las interpretaciones.

    • Txema Albert dijo:

      Totalmente deacuerdo punto por punto. Odio esos programas radiofónicos matutinos, cuya “principal virtud” es aguarle el resto del día (y quién sabe si más) a alguien. Pero, claro, cuando no hay imaginación pa’ más…
      Refán al uso: “Lo que la Naturaleza no da Salamanca no lo presta”.

      • Tudi Martín dijo:

        Gracias Txema: me sentía sola, pensé que era la única a la que ver cómo le toman el pelo a la gente no le hace maldita la gracia.
        Hoy había dos tipos comiéndo en una terraza y un crío corría hacia una pared, en el último momento el niño ha hecho un quiebro y la ha esquivado; uno le ha comentado al otro “qué lástima, me hacía ilusión ver cómo chocaba contra la pared”…hay gente que está enferma.

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