“La esposa del vicepresidente brasileño roba protagonismo a la investidura”.


Tras conocer a una nueva persona, tardamos siete segundos en crearnos una impresión sobre ella.

Marcela Temer en una imagen de El Mundo.

Analizar el hechizo que provoca una imagen cuidada hasta el último detalle, incluso aunque la persona no sea atractiva en exceso, nos hace ser un poco más primitivos de lo que nos gustaría reconocer.

Sorprende que en un momento tan importante como la investidura de la nueva presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, el protagonismo se lo lleve una señorita con trenza y vestida de romana.

Hoy la noticia más leída del diario El Mundo es: “La esposa del vicepresidente brasileño roba protagonismo a la investidura”.

Dilma: guerrillera torturada, luchadora nata, trabajadora incansable, ha sido eclipsada en uno de los días más importantes de su vida por una mujer de gusto dudoso que no ha sabido ocupar el lugar que le correspondía en un escenario como ese. Pero no nos equivoquemos, a la presidenta de Brasil siempre le quedará el profundo orgullo de ser la propietaria de las dos carretas.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “La esposa del vicepresidente brasileño roba protagonismo a la investidura”.

  1. José Luis dijo:

    Inevitablemente me viene a la memoria la conocida frase: “la mujer de César no sólo tiene que ser honesta, sino parecerlo”; porque dejando a un lado el componente machista que pueda tener esta máxima clásica, haciendo abstracción del sexo de quiénes protagonicen la escena y el papel que tengan en ella, lo que sí se constata es que además de “ser” muchas veces hay que saber “estar”.
    Nadie trataría de ser el muerto en un funeral, el bebé en un bautizo y la novia en una boda; nadie que sea medianamente correcto y educado y esté en su sano juicio.
    El afán de protagonismo y la falta de tacto lo único que ponen de manifiesto, y de una manera indiscutible, es que quién así actúa es precisamente el que está fuera de lugar.

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