“¿Qué implica la nueva ley antitabaco?”.


Hasta el diario El País ha llegado el tufillo de la Nochevieja televisiva y “Olor a naftalina en la noche más vieja” ya es la segunda noticia más leída. No es de extrañar que, en la madrugada del 31 de diciembre, sean tantos los que se entregan al alcohol.

Pero el protagonista de la más leída del diario es el tabaco con el titular: “¿Qué implica la nueva ley antitabaco?”.

Genera interés la pregunta aunque la respuesta es bastante breve: para fumar tranquilo lo mejor es hacerlo en casa, en la cárcel o en un psiquiátrico.

Algo que tiene dos claras ventajas: la primera es que si nos mandan al trullo por fumar en lugares prohibidos, siempre quedará la esperanza de que allí si podremos fumar. La segunda es que si acabamos locos atar tratando de discernir dónde está permitido echarse un pitillo, en el psiquiátrico nos dejarán encender tantos como queramos.

Seamos ecuánimes: los fumadores llevan toda la vida imponiendo a los no fumadores  respirar sustancias tóxicas. Ahora es cuando realmente todos somos libres para hacer lo que nos de la gana; unos seguir fumando y otros no ser fumadores pasivos.

Puestos a plantear nuevos interrogantes, ¿pagarán más las empresas a los no fumadores por no utilizar el tiempo que los fumadores invierten en bajar a la calle a fumar? Sólo era una pregunta.

Anuncios

Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
Esta entrada fue publicada en El País. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a “¿Qué implica la nueva ley antitabaco?”.

  1. Paloma Ríos Suárez dijo:

    Cuando se trata de modificar hábitos, de cambiar costumbres, de erradicar vicios, la prohibición legal, pura y dura, es siempre una tentación: es una respuesta inmedita inmediata, no requiere grandes esfuerzos ni inversiones, tranquiliza la conciencia social y, sobre todo, se da la sensación de que “se tiene presente el tema y se está haciendo algo”.
    Pero la realidad, tozuda como una pared de hormigón, se empeña en devaluar el alcance de la medida, en reducir sus efectos y al tiempo mostrar que con toda seguridad no era éste, el de la mera prohibición, el mejor camino.

    Hace falta mucho cinismo para prohibir, sin más medidas correctoras o paliativas, algo que hablando claro es una adicción, con toda la carga social y personal que ello conlleva. No se trata de una limitación de la velocidad en carretera, ni de una práctica contable descartada a la hora de cumplir con Hacienda; cuando el hábito es vicio más que costumbre, y la adicción parece tener siete cabezas como la Hidra, una nota en el BOE poniéndolo más difícil, a modo de: “Sí… pero sólo ahí, o de este modo…” creo
    honradamente que no resuelve nada.
    El fumar se va a acabar, y me parece estupendo, siempre que se haga de forma racional, humana y tendiendo una mano a todos aquellos que están, todavía, prisioneros del tabaco.
    El que las arcas de quién suscribe la prohibición se hayan beneficiado antes -por vía de impuesto- del mismo artículo que protagoniza la medida, pues no sé, pero creo que solamente cierra el círculo de la incongruencia, remata la hipocresía llevada al extremo.

    Recordando a Concepción Arenal, habría que revivir el espíritu de la frase: “Educa a los hombres, y no tendrás que castigarlos después con ninguna pena”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s