“Belén la arma”.


Hartos de buenas palabras y de pañitos calientes, saturados de eufemismos y consuelos baratos, cada vez nos cae mejor esta Belén Esteban, aunque sea bruta como ella sola.

“Es la quintaesencia de la degradación del discurso televisivo donde no triunfa el que razona si no el que se impone”, dice un catedrático que a buen seguro nunca perdió el tiempo escuchándola y recurrió a la valoración políticamente correcta de la de San Blas.

Lo mismo hubiera firmado yo al pie si no fuera porque un día del mes de junio me senté a oírla para intentar adivinar el por qué de su éxito: en pleno programa sacó su monedero para invitar a una señora del público a un “Magnun” porque esa “mierda de productora” (así lo dijo a pesar de ser la que le paga) era incapaz de invitar a la telespectadora a un helado.

No es que triunfe la imposición sobre el raciocinio, lo que se pide a gritos es gente de carne y hueso que diga lo mismo que piensa el que está sentado en el sillón de casa que, al fin y al cabo, es el dueño del mando y ve lo que le da la gana, aunque no compartamos su gusto.

Hoy la noticia más leída en el diario El País es: “Belén la arma”.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Belén la arma”.

  1. Cris dijo:

    Populista y descarada, soez y sentimental; capaz de comunicar y sin miramientos muchas veces en lo que comunica. El protagonismo que ha adquirido Belén Esteban es una radiografía del perfil psicológico de los tiempos que nos toca vivir y de ese recrearse en los escándalos de la vida ajena para no reparar en las miserias de la propia.

    No es de extrañar que haya adquirido tanta popularidad, que como sucedía en aquellas pelis de “pasar el rato”, el discurso de la Esteban no precisa de demasiado raciocinio: planteamientos simples hasta el extremo, escándalo asegurado y todo dicho en un lenguaje directo que todo el mundo puede entender; y ya casi lo de menos es lo que diga, que anima el cotarro y en conexión con el cabreo general y nuestra tendencia caínita no deja títere con cabeza.
    Una versión, digitalizada y renovada del pan y circo que por otra parte no está exenta de sus ramalazos de razón, de la sintonía con el público cuando canta las verdades del barquero.

    Semejante fenómeno televisivo no surge porque sí; ha de encontrar referentes y apoyos en la audiencia… y no hace falta recordar los sondeos que protagonizaba esta chica en vísperas de las últimas elecciones.
    Nos gustará más o menos… pero desde luego es lo que hay.

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