“Juana sin miedo”


Qué sería de nosotros si no sintiéramos miedo: miedo a la pérdida de un ser querido, miedo a perder la propia vida.

Quizás  nos habríamos matado arriesgando demasiado al escalar aquella montaña o ya no estaríamos en este trabajo porque nuestra conducta habría sido del todo inapropiada al no temer perder el puesto.

Hoy la noticia más leída en el diario Público es “Juana sin miedo”, un caso médico que nos recuerda que el miedo con mesura es una de las conductas más adaptativas que existen.

Sin él no hay alarma de emergencia y nos creemos inmortales, pero realmente no lo somos y sucumbimos ahogados en nuestra propia osadía.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Juana sin miedo”

  1. José Luis dijo:

    ¿Qué es exactamente el miedo?
    Una pregunta tan difícil de contestar como el pretender definir conceptos como “amor”, “amistad” o “libertad”.
    Resulta complicado encerrar en meras palabras semejantes ideas, sentimientos tan profundos y cercanos a la vivencia de todo ser humano; y desde luego es prácticamente imposible hacerlo sin entrar en el ámbito de la subjetividad.

    El miedo es siempre relativo y anudado a la esfera de lo personal, pero indiscutiblemente existe y, en la faceta que implica atención, cautela o cuidado, es natural y necesario. El problema viene en el momento en que lo proyectamos plasmándolo en acciones u omisiones reales.
    El quid de la cuestión está en qué entendamos por miedo y hasta dónde lo llevemos, en de qué nos guarde y qué nos impida.

    Una buena amiga suele decir que el miedo está en una bandeja y cada cual coge cuanto quiere. El coger la porción justa, la que nos ayuda a conservar y cuidar, mimar incluso, lo que de verdad merece la pena, siempre habrá de reputarse positivo. Por contra, si la cantidad que nos servimos nos ata y nos limita, nos paraliza y anula, el resultado es muy distinto: hay quién no vive por el simple miedo a perder su vida… que no deja de ser la forma más segura y estúpida de perderla a la postre.

    No es ninguna vergüenza ni tampoco negativo de por sí sentir miedo; la cuestión estriba en darle la trascendencia necesaria sin caer ni en la inconsciencia ni el pánico, y también en vencerlo cuando la ocasión lo requiere.

    Ahora, en vísperas del “día de la salud”, de la lotería, viene a mi memoria una frase atribuida a Carlos III que aunque referida a tan popular juego de azar, sería perfectamente aplicable al miedo, a esa porción que cada uno se sirve de la bandeja: no jugar es de tontos; jugar demasiado de locos.

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