“Eufemiano: “Si dijera lo que sé, adiós al Mundial y a la Eurocopa”.


Debe ser que a perro flaco todo son pulgas pero la muerte del cantaor Enrique Morente nos ha dejado profundamente tristes: cuando se despide a la persona y al genio a la vez, el sentimiento de pérdida se agranda hasta llenarlo todo, incluso la razón.

No abundan los espíritus inquietos como el suyo, eternamente aburrido de lo que ya había inventado y en proceso de reinvención constante.

En este momento la noticia más leída en el diario El Mundo es “Eufemiano: “Si dijera lo que sé, adiós al Mundial y a la Eurocopa”.

Enrique Morente ha fallecido hace sólo unas horas, así que me echaré un farol como el tal Eufemiano y diré convencida que la noticia más leída antes de las doce de la noche será la del cantaor, así que me quedo con ella y haré caso omiso al tipo del titular que tanto sabe que amaga pero no pega. Para eso mejor dejar la boca cerrada.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Eufemiano: “Si dijera lo que sé, adiós al Mundial y a la Eurocopa”.

  1. José Luis dijo:

    Eliges bien, Tudi, que yo también me quedo con la tuya. En definitiva no se trata sino de dos modelos de vida, de dos actitudes que retratan a quienes las mantienen.

    Enrique Morente, eterno incoformista que no daba por finalizada la tarea, y pasión según creo, de ese permanente buscar lo que podía significar un paso más, una nueva vivencia; algo que aprehender y transmitir, que regalar al mundo después de hacerlo suyo.
    Ese otro señor, pletórico de amenazas, buscando justificarse a base de confundirse y diluirse en un ambiente tan tóxico y mezquino como su propia alma, decidido a llevar la sospecha y la infamia a todo cuanto toca y le rodea.
    La vida a pecho descubierto en uno; la permanente búsqueda de camuflaje en el otro. No hay color, no puede haberlo.

    Uno comprende y admite, considera beneficioso que la denuncia pueda poner a cada cuál en su sitio; pero hecha desde la convicción moral y con pretensión de que los hechos que la motivan no puedan volver a repetirse. Nunca, en ningún caso, como airada vendetta tan interesada como oportuna y cobarde. Una versión miserable de aquello de: “para lo que me queda de estar en el convento…”

    La elección hoy era fácil: Enrique era una persona, un hombre cabal y grande… el otro, a pesar de sus títulos y su posición, no pasa de ser un pelele, alguién que jamás arrancará ni una sonrisa agradecida y limpia al recordar su nombre, ni una lágrima si se va sin despedirse.

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