“Caras de pánico”.


Abrimos el enlace y, al ver al príncipe Carlos y Camila con cara de miedo ante el ataque de los manifestantes británicos en plena protesta por la subida de las tasas universitarias, se siente cierta decepción.

Hay tantas cosas por las que asustarse leyendo la actualidad informativa, desde la libertad con cargos de la atleta Marta Dominguez hasta saber grave al cantaor Enrique Morente.

Hoy el contenido que ha despertado más interés en el diario El País es una foto titulada “Caras de Pánico”.

Un cristal roto y manchas de pintura sobre la carrocería del real coche es algo que debe dar miedo, sobre todo porque el coche es rojo y los topos blancos le hacían parecer un vestido de faralaes. Ahora en serio, lo que realmente debería aterrorizarnos es la apatía con la que otros jóvenes han vivido acontecimientos importantes de nuestra historia (también la suya) más reciente.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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3 respuestas a “Caras de pánico”.

  1. José Luis dijo:

    Más que miedo concreto podría hablarse, según creo, de temores que uno trata de desterrar. La ausencia de aparente reacción entre los más jóvenes ante determinados hechos nos lleva a temer que estén subiendo sin tener claras las prioridades, asentados los principios. Es un pensamiento que se hace fuerte en nuestra conciencia; tal vez porque de ser así tendríamos, en buena medida, que reputarnos culpables.

    No creo que sea así, que sean indolentes y “pasotas” ante todo lo que no sean sus botellones y sus play station, pero lo cierto es que les ponemos complicado el no caer en la tentación. Porque cuando “la actualidad” se llena y renueva casi por segundos con el torrente de flashes impactantes -noticias del siglo que duran a penas horas-, cuando los adultos les enviamos el mensaje de que todo parece darnos igual, cuando les ponemos de manifiesto presente que el entusiasmo debe ceder ante las seguridades y cautelas y que la conciencia no da de comer… resulta bastante hipócrita el acusarles de no manifestarse ni tomar partido, de esa apariencia de “todo me da igual”.

    No pretendo retomar sin más los ideales de Rousseau, “el hombre es bueno por naturaleza”, pero lo cierto es que a lo largo de los siglos, y la historia lo demuestra, ha habido cambio, progreso, evolución, avance… y también está claro que ha llegado de y por la mano del entusiasmo y de la idea.
    Por esta sencilla razón, porque necesaria e inevitablemente cualquier cambio o progreso ha de venir de ellos, porque son la juventud mejor preparada que ha existido jamás, y porque aunque los tiempos cambien la esencia del inconformiso “a más y mejor” es irrenunciable; confieso que sigo siendo optimista.

    No se trata de que los jóvenes hayan dejado de serlo; es más bien que por un lado no lo tienen fácil en esta supuesta aldea global de la comunicación, por mediatizada, amordazada y parcial; y por otro lado en que la competencia que a ese espíritu inconformista le viene haciendo esta sociedad de consumo que les hemos dado y en la que deben crecer, lo hace verdaderamente complicado.

    Lo tienen difícil; es cierto… pero también sus ancestros burgueses lo tuvieron ante la oligaraquía del antiguo régimen, o aquellos estudiantes del 68 francés ante el estado y los gendarmes.

  2. Txema Albert dijo:

    Cuentan –aunque yo no me lo creo- que cuando María Antonieta le preguntó a uno de sus sirvientes la razón por la que el pueblo de París se levantó en rebeldía (una rebeldía que acabó tontamente en la Revolución Francesa) alguien le dijo: “ Majestad, el pueblo pasa hambre y no tiene pan”; a lo que la dama replicó displicente: “Pues que coma galletas”. Meses después, la cabeza de la reina rodaba escaleras abajo.

    Ahora, a los estudiantes británicos les acaban de multiplicar por tres las tasas universitarias. Y en lugar de repartir galletas, la policía reparte a todo el que protesta hostias como panes. Mientras, el eterno príncipe pone cara de susto cuando su coche (oficial) es zarandeado por los rabiosos estudiantes (algunos de los cuales se abstuvieron de ir a votar porque estaban “defraudados” de la Política y prefirieron abstenerse, pensando que todos los gobernantes son iguales).

    En este viacrucis que hemos de pasar para salir de la crisis hay dos puertas. Una está al centro derecha; la otra a nuestro centro izquierda. Con las dos se sale, pero no llevan al mismo futuro, aunque en cualquiera de los caso el llamado “Estado del Bienestar” va a quedar tocado. Ni esto era Jauja, ni se ataban los perros con longanizas.

    Va a ser cierto eso de que “Si un pobre come jamón, o está malo el pobre o está malo el jamón”

  3. Tudi Martín dijo:

    Qué placer leeros Txema y José Luis…sólo tienen una pega vuestros comentarios, que hacen pensar y, como bien sabréis, eso no es nada bueno :-))) Cualquier día os propongo ampliar las firmas del blog y me ayudáis a quitarle el polvo a la actualidad informativa.
    Sólo añadir en el tema del susto de Carlos y Camila ante el “ataque” de los manifestantes que el miedo es libre y cada uno compra el que quiere pero las tasas universitarias son las que son y hay que pagarlas (si se puede).
    El principe Carlos debería estar orgulloso de ser el futuro rey de un país donde la gente sabe lo que es importante y lo que no.

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